31 Marzo Y hablamos bajito para no enfadarnos

Ayer fue un dia auténticamente aventurero. Sin saber más que el nombre de nuestro punto de destino, nos lanzamos a una etapa, una de las mas difíciles de la carretera Austral, a golpe de suerte y pulgar levantado. Mis intenciones, confiadas y positivas siempre en que hay un ángel siempre que te ayuda, pero a qué precio? y cuanto tarda en llegar… Salimos de Puyuhuapi en el auto de un joven ingeniero que nos acercó 14 km hasta su lugar de trabajo, la piscifactoria de salmones del rio Risopatrón. Animos altos, día soleado, delfines, un mundo ideal con todo a favor.

Esperamos el siguiente golpe de suerte que tarda algo más, 1 hora. 2 señores vienen de comprar quesos, que viajan con nosotros en el asiento de atrás, nos acercan 20 km más. Viendo el tránsito de la carretera el destino final parece ir cambiando entre Puerto Cisnes y Coyhaique. Nuestros amigos del queso apenas nos dirigen la palabra, solamente nos transportan, como a los quesos, asi que aprovechamos para disfrutar del increíble paisaje del Parque Quehulat, montañas nevadas, y cataratas por los arcenes, el puro ripio de la carretera Austral hace incómoda la conversación, la voz se quiebra por lo que agradecemos por dentro y por fuera el silencio del transporte gratuito.

Bajamos y …esperamos, esperamos y caminamos. Un coche cada media hora pero nadie para, saludan y saludamos, nos sonríen y devolvemos la sonrisa pero nadie puede parar, los coches van llenos de gente, turistas, otros llenos de carga.
Cargados como mulas caminamos entre montañas y rios, el sonido del agua fluvial nos hace girar la cabeza esperando la llegada del próximo auto, espejismos.
Nos vamos quedando sin agua, y por supuesto no compramos comida. Mal genio.
De repente se me apunta de ingeniosa autoría del autostop. Descarga emocional. Yo me siento mas molesta por la actitud que por el peso de la mochila o la falta de agua y comida. ¡qué maneras tan distintas de ver la misma situación!

Nos separamos. Javi va por delante, yo voy cargando con el peso extra de la responsabilidad.. Gritos y amenaza de terminar allí mismo el viaje…sisi pero primero hay que salir de ésta!

Los coches que pasan ya no sonríen, nos ignoran, caras de “no es mi problema” nos hacen sentir inmigrantes abandonados a nuestra suerte en una situación casi extrema. (Aunque todavía queda sol, Javi amenaza con la caída de la noche…)

Yo confío

En una curva cerrada, inicio de las 33 curvas de ascenso que llevan al Bosque Encantado, nos detenemos. Ami, que hacemos?. Solo habremos recorrido 40 km desde el punto de partida y quedan…ni lo sé! Pero Javi tiene mas idea, y ese es su miedo.
En ese momento él se acerca a mi, me abraza y me da un trozo de zanahoria. Nos animamos a seguir, esa curva es peligrosa. Y cuando ya soltamos el mal karma…

Pasa una furgoneta llena de jóvenes, dedo al alza pasan a ser manos que suplican y consiguen pararla. Recibimos el gesto con tanta alegría que no nos entendemos con palabras pero con gestos nos invitan a subir a la parte trasera del pick-up, para viajar entre maletas por las 33 curvas en ascenso del Qehulat.

El tránsito en esta camioneta nos lleva por el tramo mas duro y a la vez el mas bello. La felicidad de ir motorizados nos inunda mientras me agarro brutalmente a los hierros del portón y con la otra mano a Javi que mira las montañas hipnotizado por el paisaje y el momento vivido.

Nos quieren dejar a puertas del bosque encantado pero al despedirnos, caemos en la cuenta de que nuestros idiomas son el mismo, Chilenos ellos se ríen de la confusión y aceptan a llevarnos un poco mas adelante donde comienza la carretera asfaltada y el cruce divide los caminos entre Puerto Cisne y Coyhaique.
Se despiden de nosotros llenándonos de sonrisas y agua. Amable Chile Gracias eternas!!

En un cruce de caminos, una garita solitaria y una frase escrita en su banco:
“Yo soy libre porque desde aquí yo vuelo. Solo toca despegarse del suelo” Calle13

Para un coche tras 2 minutos, nos llevan a Coyhaique (+130Km)

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Publicado por

amaia creativa

No hay felicidad si no hay creatividad

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